La momificación era parte crucial en los ritos funerarios del antiguo Egipto, pero también es una técnica muy utilizada cuando queremos extraer y transportar fósiles de dinosaurios de un modo seguro.

Cuando los fósiles son de dimensiones considerables se suelen “momificar”.  Lo primero que hacemos es cubrir el fósil (y parte del sedimento que lo contiene) con gasas o papel higiénico, a veces empapados en escayola muy diluida. Luego cubrimos estas capas protectoras con abundante escayola; así evitamos que el fósil se fracture al trasladarlo al laboratorio.

En el caso de Turiasaurus riodevensis se necesitaron muchos sacos de escayola, una grúa y un camión para poder trasladar algunos fósiles de huesos al laboratorio. Para rescatar los huesos más grandes, incluso hubo que construir un armazón metálico.

 

 

Motivados por la rivalidad y el odio, ambos paleontólogos se dedicaron a la búsqueda frenética de fósiles, describiendo más de 100 nuevos tipos de dinosaurios, entre ellos Stegosaurus, publicado en 1877 por Marsh.

Los estegosaruios forman un clado de dinosaurios relativamente sencillos de identificar debido a las placas de su lomo y las espinas de su cola. Nuestro logo tiene un estegosaurio del género europeo Dacentrurus y los estegosaurios son también los dinosaurios preferidos de la pequeña Sofía, quien pronto cumplirá años y tiene a sus padres enfrascados en la organización de su fiesta de cumpleaños.

 

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El húmero de Turiasaurus riodevensis  tiene 178 cm de longitud ¿imaginas cuántos meses nos llevó limpiarlo?

El trabajo de limpieza de un fósil es una tarea delicada, no apta para impacientes.  Cualquier decisión errónea  puede dañar el fósil o alterar su estado de conservación.  

Existen dos técnicas principales de limpieza para los fósiles: métodos mecánicos y químicos.

Los métodos mecánicos más frecuentes suelen emplear útiles de percusión, rotación y abrasión, como delicadas herramientas de aire comprimido que son parecidas a las de los dentistas. Cuando hablamos de métodos químicos no sólo hacemos referencia a la combinación de distintos ácidos, el agua con detergente o acetona entra dentro de esta categoría.

Ahora que tienes algo más de información puedes mirar más allá de lo que ves. Incluso te proponemos un desafío: algunos de los fósiles que están limpiando son relativamente sencillos de identificar ¿te atreves?

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Los cocodrilos actuales (Crocodylinae) forman parte de un grupo bastante reciente, geológicamente hablando, y pueden atrapar a las presas en el agua sin “ahogarse” porque cierran su glotis al bucear. Pero esto no siempre fue así, lo sabemos gracias al estudio de varios cráneos fosilizados. 

Muchas especies de crocodiliformes convivieron con los dinosaurios, pues ambos grupos se originaron casi al mismo tiempo, hace unos 230 millones de años.

Los primeros crocodiliformes eran especies terrestres, pequeñas, ágiles y veloces. A principios del Jurásico, el registro fósil evidencia adaptaciones marinas y una gran diversificación de linajes. Posteriormente existieron  crocodiliformes de tamaño enorme, incluso semejante al de algunos dinosaurios, como es el caso de Sarcosuchus imperator.

Vamos a presentarte una nueva especie de crocodiliforme del Cretácico Temprano hallada en Galve, Teruel. Este “cocodrilo” de agua dulce surcaba los canales de lo que era una llanura de inundación aluvial.

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El padre de Sofía está embarcado en una tarea de cierta dificultad para una persona completamente ajena al mundo de los dinosaurios: tiene que encontrar uno de ellos en particular. 

Los amantes de los  dinosaurios saben que hay muchos tipos diferentes, que vivieron en distintos períodos geológicos y que no todos los seres antiguos o extintos son dinosaurios. Dicho así parece obvio  pero, si no se tiene la suficiente información, algo tan sencillo como buscar el regalo de cumpleaños de una niña (tal vez futura paleontóloga) puede ser un desafío. Incluso puede confundirse un Dimetrodon con un dinosaurio cuando solo tienen en común un parecido razonable.

Dimetrodon era un sinápsido primitivo, pues sus fósiles proceden de principios del Pérmico (Era Paleozoica) y, si bien por su apariencia recuerda a los reptiles, lo cierto es que estaba mucho más emparentado con los componentes de nuestro grupo, el de los mamíferos.

Los sinápsidos se caracterizan por un cráneo que, además de los orificios para los ojos y las fosas nasales, tiene otros dos agujeros más —uno a cada lado del cráneo— situados por detrás de las órbitas de los ojos. Por el contrario, todos los dinosaurios pertenecen a un grupo totalmente distinto, el de los diápsidos, cuyo cráneo tiene dos agujeros detrás de cada ojo (cuatro en total).

Dimetrodon se clasifica como un sinápsido  pelicosaurio.  Aunque su característica más espectacular es la gran vela que tenía en su parte dorsal, el origen de su nombre –“dientes de dos medidas”– se inspiró en las diferentes longitudes y grosores (unos anchos y otros angostos) de sus piezas dentales.

Este “falso dinosaurio” vivió hace unos 290 millones de años, decenas de millones de años antes de la aparición del primer dinosaurio en el registro fósil.

 

 

Imágenes  ©DiBgd / CC BY-SA (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)

© Ryan McGuire en Pixabay

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Cuando sales a comprar un libro generalmente tienes una hoja de ruta. Vas a una librería y buscas en una determinada sección, pues los libros suelen estar ordenados siguiendo algún criterio (si no fuera así sería imposible encontrar lo que buscas).

Pues algo parecido sucede cuando los paleontólogos buscan yacimientos. Ocasionalmente los hallazgos pueden ser casuales, porque los fósiles están en la superficie del terreno o (algo que sucede a menudo) durante determinadas obras se encuentran restos arqueológicos o paleontológicos.

Los mapas geológicos son la hoja de ruta de los paleontólogos. El estudio de la configuración geológica del terreno y de sus estratos nos permite saber qué podríamos encontrar en determinadas zonas.

El solar turolense, por ejemplo, presenta una rica y variada sucesión de fósiles debido a su configuración geológica. La provincia engloba rocas sedimentarias de las tres eras geológicas del Fanerozoico y tiene excelentes condiciones en sus afloramientos (relieve con grandes diferencias de cota, poca vegetación y casi nula intervención humana sobre el terreno).

La idea romántica de andar y encontrar fósiles importantes no va muy de la mano del método científico de prospección sistemática pero, a veces, existen personas afortunadas. Si eres una de ellas… ¡avísanos antes de recoger el fósil!

 

 

Imágenes ©Pixabay

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¿Recuerdas aquella maravillosa película de Alfred Hitchcock?

Nos encantaría poder compartir contigo un poco de nuestro trabajo diario. Algunos afortunados que visitan Dinópolis pueden hacerlo y, además, se nos ocurrió abrir esta pequeña ventana para que puedas “espiar” también desde tu casa una parte de nuestras labores.

Los paleontólogos hacemos mucho trabajo de campo  y quizás es nuestra tarea más conocida. Pero lo cierto es que pasamos muchas horas en el laboratorio, donde compartimos  tareas con los restauradores. Muchas historias suceden aquí diariamente. 

El laboratorio paleontológico es el primer sitio al que llegan los fósiles desde los yacimientos. Aquí los limpiamos y preparamos para su posterior estudio y exhibición.

Pero… ¿imaginas mover el enorme y pesado fémur de un turiasaurio cada vez que queremos consultarlo?

En el laboratorio también se realizan réplicas de fósiles para la manipulación durante su análisis o para el intercambio con otras instituciones. No todos los ejemplares de los museos y exposiciones son originales (por este motivo las réplicas están señaladas convenientemente).

En tierras turolenses nuestro laboratorio paleontológico tiene mucho trabajo.

 

 

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El estudio de los árboles genealógicos es una pasión para muchas personas. Conocer a nuestros antepasados y a todos sus descendientes puede aportar información valiosa no solo a nivel sentimental, sino también para reconstruir la historia de un clan familiar.

Charles Darwin imaginó el gran árbol de la vida.

Un clado es un grupo de seres vivos que están muy relacionados evolutivamente. Los cladogramas utilizan la clasificación filogenética, pues son gráficos que representan al ancestro de un linaje y a todos sus descendientes.

Las aves, los dinosaurios, los pterosaurios y los cocodrilos están incluidos en el clado Archosauria. Archosauria significa «lagartos dominantes» (y, aunque ninguno de los animales citados eran lagartos, los arcosaurios fueron muy abundantes durante la Era Mesozoica).

Te proponemos conocer algo más sobre el linaje de los cocodrilos.

 

 

Imágenes © N. Tamura ; © Matthew P. Martyniuk

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En 1859 el arqueólogo francés A. Mariette localizaba en Egipto la tumba de la reina egipcia Ahhotep. En su interior se encontró un magnífico ajuar funerario lleno de objetos y piezas de joyería, llamando especialmente la atención una cadena con tres colgantes de oro con forma de moscas (símbolo del valor militar).

Siete de un golpe mató el sastrecillo valiente en el cuento de los hermanos Grimm.

¡Una mosca en mi sopa!  Existe la leyenda urbana de que no abonarás la cuenta en un restaurante si encuentras una mosca en la comida. 

 «Moscas en la casa» es una balada escrita e interpretada por la cantante colombiana Shakira.

Las moscas son archifamosas.

La mosca que queremos presentarte pertenece a una nueva especie encontrada en el ámbar de San Just (Utrillas, Teruel). Tiene una antigüedad de 105 millones de años y es del extraño género Burmazelmira, descrito por primera vez en el ámbar birmano.

 

 

 

 

Imágenes ©MagnusMuhr

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A la hora de fotografiar a un niño al que se le ha caído un diente tenemos dos escenarios posibles: que el niño sonría con la boca cerrada, intentando disimular su pérdida, o la sonrisa radiante que deja ver el pequeño vacío, presagio de la visita del Ratoncito Pérez.

¿Visualizas la imagen de un T.rex sin dientes?

La primera pista de que los dinosaurios existieron fue un diente. Lo halló en 1824 William Buckland y al propietario de aquel diente gigantesco le puso el nombre de Megalosaurus. En 1825 Mary Ann Mantell encontró otro diente que su marido, Gideon Mantelldescribió como perteneciente a un animal al que denominó Iguanodon (diente de iguana).

Las partes duras de los vertebrados (dientes y huesos) son las más sencillas de fosilizar.

Los dientes fósiles contienen valiosa información: además de ofrecer datos sobre la dieta de los dinosaurios, podemos saber cómo movían sus mandíbulas. Según su morfología y tamaño, en algunos casos (no siempre) se puede identificar la especie de dinosaurio a la que pertenecía su propietario. Además, nos permiten intuir el tamaño del individuo y, a veces, el desgaste aporta información acerca de su grado de desarrollo (joven o adulto).

Como ves, un diente constituye una valiosa fuente de información.

Tú, cuando sonríes ¿enseñas los dientes?

 

 

 

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