En 1859 el arqueólogo francés A. Mariette localizaba en Egipto la tumba de la reina egipcia Ahhotep. En su interior se encontró un magnífico ajuar funerario lleno de objetos y piezas de joyería, llamando especialmente la atención una cadena con tres colgantes de oro con forma de moscas (símbolo del valor militar).

Siete de un golpe mató el sastrecillo valiente en el cuento de los hermanos Grimm.

¡Una mosca en mi sopa!  Existe la leyenda urbana de que no abonarás la cuenta en un restaurante si encuentras una mosca en la comida. 

 «Moscas en la casa» es una balada escrita e interpretada por la cantante colombiana Shakira.

Las moscas son archifamosas.

La mosca que queremos presentarte pertenece a una nueva especie encontrada en el ámbar de San Just (Utrillas, Teruel). Tiene una antigüedad de 105 millones de años y es del extraño género Burmazelmira, descrito por primera vez en el ámbar birmano.

 

 

 

 

Imágenes ©MagnusMuhr

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A la hora de fotografiar a un niño al que se le ha caído un diente tenemos dos escenarios posibles: que el niño sonría con la boca cerrada, intentando disimular su pérdida, o la sonrisa radiante que deja ver el pequeño vacío, presagio de la visita del Ratoncito Pérez.

¿Visualizas la imagen de un T.rex sin dientes?

La primera pista de que los dinosaurios existieron fue un diente. Lo halló en 1824 William Buckland y al propietario de aquel diente gigantesco le puso el nombre de Megalosaurus. En 1825 Mary Ann Mantell encontró otro diente que su marido, Gideon Mantelldescribió como perteneciente a un animal al que denominó Iguanodon (diente de iguana).

Las partes duras de los vertebrados (dientes y huesos) son las más sencillas de fosilizar.

Los dientes fósiles contienen valiosa información: además de ofrecer datos sobre la dieta de los dinosaurios, podemos saber cómo movían sus mandíbulas. Según su morfología y tamaño, en algunos casos (no siempre) se puede identificar la especie de dinosaurio a la que pertenecía su propietario. Además, nos permiten intuir el tamaño del individuo y, a veces, el desgaste aporta información acerca de su grado de desarrollo (joven o adulto).

Como ves, un diente constituye una valiosa fuente de información.

Tú, cuando sonríes ¿enseñas los dientes?

 

 

 

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El estudio, publicado por la prestigiosa revista internacional ‘Geoheritage’, resalta  las posibilidades de crecimiento de municipios escasamente poblados con gran riqueza paleontológica.

La investigación, conservación y difusión de los hallazgos paleontológicos en la provincia de Teruel juegan un papel destacado en el desarrollo territorial y sirven como herramienta para la educación. El proyecto más importante es Dinópolis (con más de 3.159.000 visitas desde su apertura el 1 de junio del 2001 hasta diciembre del 2019). Además, hay otras iniciativas diseminadas por toda la provincia que amplían y complementan la oferta turística y educativa para todos los interesados en la geología y la paleontología. El conjunto convierte a Teruel en un gran territorio paleontológico.

Una de estas iniciativas, La Ruta del Dinosaurio en El Castellar, es el resultado de un modelo de acción que ha optado por llevar a cabo inversiones en los recursos paleontológicos de un área escasamente habitada. Este municipio ha sido objeto de un estudio realizado por la Fundación Dinópolis sobre las posibilidades de desarrollo gracias a la paleontología, que pone el foco en El Castellar, con apenas 58 personas censadas y una densidad de población de apenas un habitante por kilómetro cuadrado, que ahora llega a todo el mundo gracias a su publicación en la prestigiosa revista internacional ‘GEOHERITAGE’. En la publicación se destacan las posibilidades de futuro para núcleos con gran riqueza paleontológica, gracias a iniciativas como las desarrolladas en esta localidad turolense, cuya ruta del dinosaurio culmina en un yacimiento en el que los turistas pueden observar huesos originales de un  estegosáurido, tras pasar por otros yacimientos con huellas de estos vertebrados.

La Ruta del Dinosaurio, junto con el DINOpaseo por El Castellar (un recorrido por las calles del pueblo, en el que se muestran algunos de los hallazgos más sobresalientes realizados en los 74 yacimientos inventariados hasta el momento en el municipio), constituye un estímulo fundamental para la socioeconomía local. Las inversiones realizadas desde 2015 han dado lugar a un aumento exponencial de la presencia de investigadores, turistas y medios de comunicación, al tiempo que permiten el desarrollo de actividades educativas. Todo esto conduce a que las instituciones y colectivos locales quieran seguir utilizando a los dinosaurios como el principal foco de atención del municipio.

A este excepcional patrimonio paleontológico se suma la extraordinaria riqueza natural y cultural de una zona, incluida en el Lugar de Interés Comunitario “Maestrazgo y Sierra de Gúdar” de la Red Natura 2000 del Gobierno de Aragón, en la que se sitúan numerosos yacimientos con fósiles de dinosaurios. Además, este sector occidental de la Sierra de Gúdar posee algunas de las unidades de mayor calidad visual del paisaje de la provincia.

El artículo publicado en ‘Geoheritage’ lleva como título ‘The Dinosaur Route in El Castellar (Teruel, Spain): Palaeontology as a factor of territorial development and scientific education in a sparsely inhabited area’ y ha sido llevado a cabo por Alberto Cobos, Luis Alcalá y Rafael Royo-Torres.

Las actuaciones paleontológicas en El Castellar se incluyen en proyectos del Gobierno de Aragón (Departamento de Educación, Cultura y Deporte, y Departamento de Ciencia, Universidad y Sociedad del Conocimiento-Fondos FEDER ARAGÓN 2020-2022-Grupo de Investigación de Referencia E04_20R FOCONTUR), del Gobierno de España (proyecto PGC2018-094034-B-C22 del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades), Instituto Aragonés de Fomento y Dinópolis.

 

 

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Logotipo y escultura representando a un dinosaurio estegosáurido en la Ruta del Dinosaurio en El Castellar (Teruel). Créditos: Cobos et al. (Geoheritage).

 

 

 

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Habilitación museográfica en el yacimiento San Cristóbal (El Castellar, Teruel) donde se exhiben fósiles originales de un dinosaurio estegosáurido. Créditos: Cobos et al. (Geoheritage).

 

 

 

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Folleto informativo sobre las diferentes rutas de temática paleontológica que se pueden realizar en El Castellar. Créditos: Cobos et al. (Geoheritage).

 

 

 

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Mirador y vista panorámica de la Sierra del Chaparral (incluida dentro de la Red Natura 2000 del Gobierno de Aragón). Créditos: Fundación Dinópolis.

 

 

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Parada del denominado DINOpaseo por El Castellar en la que se representa al saurópodo Tastavinsaurus. Créditos: Fundación Dinópolis.

 

No sabemos si Antonio Machado, además de compañero del ilustre paleontólogo José Royo Gómez, se interesaba por la paleontología pero nos encanta recitar su poema mientras estudiamos las huellas de Ababuj. El yacimiento se formó hace unos 150-145 millones de años, en el intervalo temporal que está a caballo entre el Jurásico y el Cretácico.

En aquella época el paisaje de esa parte de la Cordillera Ibérica lo conformaban grandes ríos meandriformes y caudalosos que desembocaban en el llamado Mar de Tethys (germen del actual Mediterráneo).

Por este camino (como diría Machado) pasaron representantes de tres grupos diferentes de dinosaurios. Las direcciones y sentidos aparentes de los rastros muestran que uno de los individuos fue hacia el este, el segundo se dirigía al oeste y el tercero hacia el noroeste.

¿Hacia dónde irían? podría preguntarse Machado y crear maravillosos poemas. Caminante, son tus huellas…

 

 

Imagen ©John Gurche

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 Usain Bolt fue ocho veces campeón olímpico y tiene el récord mundial de velocidad en 100 metros: 9,58 segundos. ¡Veloz cual relámpago!

¿Cómo podemos saber a qué velocidad se movían los dinosaurios? Estudiando sus rastros.

El zoólogo  británico Robert McNeill Alexander contribuyó al desarrollo de una fórmula matemática mediante la cual se puede establecer la velocidad aproximada de locomoción de un dinosaurio.

La información que proporciona un rastro es una pieza clave en la fórmula, pero… ¿qué es un rastro?

 

 

 

 

Photo by Andrea Piacquadio from Pexels

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 Estás preparado para subir de nivel. 

Con respecto a la morfología de las icnitas, ya te hemos contado varias cosas. Haremos ahora un repaso y te preparamos para el siguiente nivel: «Rastros».

 

 

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En general, las huellas subcirculares, ovaladas o subtriangulares fueron producidas por los pies de dinosaurios cuadrúpedos comedores de plantas, saurópodos o bien estegosaurios. Un buen criterio para discriminar a uno u otro tipo de productor se encuentra en las marcas de los dedos: los pies de saurópodos tienen los dedos dirigidos lateralmente y curvados hacia el lado externo del pie mientras que las de estegosaurios presentan tres dedos cortos dirigidos hacia delante, dotando a la huella de una forma de tulipán.

Y sí, parece sencillo, pero las huellas de forma arriñonada o de media luna –que corresponden a las manos– se asocian tanto a dinosaurios saurópodos como a estegosaurios, por lo que es necesario encontrarlas en rastros bien conservados para poder asignarlas con claridad a un productor o a otro.

 

Imagen© Dariusz Sankowski en Pixabay

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Esta edición de Geolodía 20 se celebró el 10 de mayo en Bueña bajo el título: «Las grandes pistas fósiles del Jurásico de Bueña. Ciencia, patrimomio, didáctica y sociedad. Bueña (Teruel)»

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Pincha en la imagen para descargar la Geologuía 20

Se realizó una presentación virtual (preparada por la Asociación Cultural de Bueña) y una Geologuía (editada por el Instituto de Estudios Turolenses) sobre el yacimiento de megahuellas del Jurásico de Bueña. Este afloramiento es un lugar de interés geológico que destaca por la espectacularidad y grandes dimensiones de sus pistas fósiles. Se trata de la localidad tipo del icnogénero e icnoespecie Megaplanolites ibericus (descritos por José Miguel Calvo, Enrique Gil y Guillermo Meléndez en 1987); es decir, es el yacimiento original que permitió la definición de un nuevo tipo de fósiles, desconocidos anteriormente. Estas pistas se han interpretado como originadas por la actividad excavadora de artrópodos crustáceos de gran tamaño en fondos marinos blandos de una plataforma continental poco profunda.

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 Vista general del yacimiento paleontológico de Bueña. Rafael Royo-Torres.

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Detalle del yacimiento paleontológico de Bueña. Luis Alcalá.

La celebración de Geolodía 2020 en Teruel está organizada por Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis, Universidad de Zaragoza e Instituto de Estudios Turolenses (Diputación Provincial de Teruel), con la colaboración de Ayuntamiento de Bueña, A-BUENÍZA-TE (Asociación Cultural de Bueña), Asociaciones en Red Jiloca-Gallocanta, Centro de Estudios del Jiloca, Federación de asociaciones vecinales y culturales de la provincia de Teruel y Comarca del Jiloca.

 

Las icnitas producidas por dinosaurios del grupo de los terópodos son tridáctilas, al igual que las producidas por los pies de los ornitópodos, y generalmente son más largas que anchas. Si el estado de conservación de las huellas no es bueno, puede ser complicado diferenciar algunas icnitas de terópodos de otras de pies de ornitópodos.

En ocasiones, las icnitas de terópodos (carnívoros) conservan marcas de las almohadillas y de las terminaciones puntiagudas originadas por las garras.

Para su estudio, algunos de los datos más habituales que suelen tomar los paleontólogos son: contorno de la huella, forma de los dedos y de las marcas de almohadillas y uñas (si las hay), longitud y anchura máximas de la icnita, longitud de los dedos y ángulos que forman los dedos entre sí, entre otros.

Solo estamos hablando de los aspectos morfológicos y del tamaño de una icnita y… ¡fíjate en toda la información que hay que controlar!

 

 

 

 

 

Foto ©Jayden Burdick en Pexels
Foto ©JerzyGorecki en Pixabay

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Quien pisa fuerte ¡deja huella! Y no todas son iguales.

Si bien el estudio de las icnitas parece sencillo, su investigación in situ puede convertirse en algo complejo. En ocasiones, las formas de las icnitas fosilizadas presentan dificultades de interpretación debido a su estado de conservación.

La disciplina que estudia las huellas se denomina paleoicnología. Los huesos fósiles aportan muchas características anatómicas del individuo pero las icnitas pueden aportar información sobre el modo de vida de los dinosaurios.

Pero vamos paso a paso (o huella a huella). Primero queremos mostrarte algo sobre su morfología.

 

 

 

 

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