Comenzamos esta aventura divulgativa llamada «Compridinos» con la idea de sentirnos más cerca en tiempos difíciles, porque lo que motiva nuestro trabajo, además de la pasión por lo que hacemos, es poder compartirlo contigo.

 

Hemos estado cerca, tan cerca que nos has enseñado tu colección de dinosaurios, tus recuerdos jurásicos y has compartido con nosotros tu sueño de ser paleontólog@.

La situación actual nos reclama rugir con más fuerza. Dinópolis y las siete sedes ubicadas en distintas localidades de la provincia de Teruel están abiertas. Estamos preparados para que vengáis a disfrutar con seguridad junto a nosotros.

 

Nuestros «Compridinos» se despiden con este último vídeo titulado «El viaje», metáfora de nuestra exploración comunicativa.

 

Viajar permite el encuentro pero, para poder reencontrarnos… ahora tenemos que despedirnos.

 

 

 

Música Kevin MacLeod, sujeta a una licencia de Creative Commons Attribution (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0)

El conocimiento comienza cuando nos preguntamos cosas… ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? 

El método científico parte de una pregunta, para la que se propone una respuesta: se trata de la hipótesis cuya validez debe confirmarse o rechazarse mediante pruebas repetibles. El hallazgo de un fósil abre un sinfín de preguntas y, en algunos casos, su observación e interpretación nos permiten avanzar contestaciones que puedan refrendar, en su caso, otros miembros de la comunidad científica. 

Los fósiles se suelen comparar usualmente con otros, sean del mismo grupo o no (dependiendo de nuestro objetivo), para poder identificar sus características propias y también aquellas que comparten con otros organismos, mediante lo que se conoce como análisis filogenéticos. 

La comparación del Gigante Europeo con otros grandes dinosaurios sirve también para descubrir las posibles interconexiones entre continentes, los llamados «puentes continentales». 

Buscando respuestas nos aventuramos por la Patagonia argentina, tierra de colosos. 

Fotografía © Reconstrucción del esqueleto de Argentinosaurus, en el Museo municipal Carmen Funes, Plaza Huincul.William Irvin Sellers, Lee Margetts, Rodolfo Aníbal Coria, Phillip Lars Manning.

 

 

Música Kevin MacLeod, sujeta a una licencia de Creative Commons Attribution (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

 

Nos referimos al famoso cuadro de Velázquez. Quienes son afortunados pueden ver el original en el Museo del Prado, en Madrid. Pero usualmente nuestro primer acercamiento al cuadro es a través de una reproducción fotográfica en algún libro, generalmente sin tener ninguna referencia para hacernos una idea clara de su tamaño.

Una bonita anécdota de un estudiante de Historia del Arte de Argentina cuenta  que viajó especialmente para ver la obra y describe la emoción e impresión que sintió al descubrir el tamaño colosal del cuadro. En su imaginario este cuadro tenía medidas “estándar” y contemplarlo a su escala original le generó tal impacto  que aún hoy, varios años después, sigue relatando con asombro y pasión su experiencia.

El proceso de reconstrucción del cráneo de Turiasaurus ha sido uno de los grandes retos al que se han enfrentado los paleontólogos de la Fundación Dinópolis. El resultado de esta valiosa tarea no sólo aporta nueva información científica: si tenemos la oportunidad de visitar la sede de Dinópolis en Riodeva (Teruel), podremos también apreciar sus proporciones. Un cráneo realmente pequeño para un dinosaurio gigante.

El cráneo de Turiasaurus hizo viajar a la ciencia turolense por el mundo, al igual que los cuadros de Velázquez, ya que cuatro de cada cinco saurópodos estudiados carecen de una información detallada de los huesos de la cabeza.

Anímate a vivir la experiencia, visita Territorio Dinópolis. 

 

 

 

Música Kevin MacLeod, sujeta a una licencia de Creative Commons Attribution (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

 

En el año 2003 el hallazgo de un húmero de 178 cm de longitud despertó interés en todo el mundo. Era algo realmente extraordinario pero poca información teníamos sobre el fósil porque no habíamos tenido tiempo para estudiarlo.

El interés social era evidente, dado su gran tamaño, pero aún no conocíamos la importancia paleontológica que podría tener. Cualquier fósil contribuye al conocimiento de la vida en el pasado, pero hay una diferencia notable entre identificar una especie ya conocida o encontrarse a un «recién llegado» (como más tarde descubriríamos).

A finales de 2005, después de realizar estudios comparativos con otros dinosaurios, numerosos viajes para observar los más mínimos detalles en fósiles originales de dinosaurios semejantes y del intercambio de opiniones con colegas especializados en los dinosaurios saurópodos, ya teníamos algunas respuestas.

Se trataba no sólo de una nueva especie, sino de un nuevo género que estaba incluido, junto con otros dinosaurios, en un clado de dinosaurios nunca antes reconocido.

El equipo científico de la Fundación Dinópolis publicó en 2006 Turiasaurus riodevensis como un género y una especie nueva de dinosaurio en la prestigiosa revista Science. Como resultado de su estudio científico también se definió formalmente un nuevo clado de dinosaurios saurópodos: Turiasauria.

Esta historia no termina aquí, ya que entre los restos fósiles hallamos varios fragmentos de huesos craneales…

 

 

Imágenes ©N. Tamura ©Dmitry Bogdanov

 

En 2004, el hallazgo de un húmero completo de 178 cm de longitud así como de otros elementos del esqueleto, permitieron certificar que estábamos recuperando huesos in situ de uno de los dinosaurios de mayor tamaño descritos en el mundo… pero aún faltaban una ardua tarea de restauración y muchos estudios para demostrar su importancia científica.

El hallazgo es solo el comienzo de esta historia….

 

La momificación era parte crucial en los ritos funerarios del antiguo Egipto, pero también es una técnica muy utilizada cuando queremos extraer y transportar fósiles de dinosaurios de un modo seguro.

Cuando los fósiles son de dimensiones considerables se suelen “momificar”.  Lo primero que hacemos es cubrir el fósil (y parte del sedimento que lo contiene) con gasas o papel higiénico, a veces empapados en escayola muy diluida. Luego cubrimos estas capas protectoras con abundante escayola; así evitamos que el fósil se fracture al trasladarlo al laboratorio.

En el caso de Turiasaurus riodevensis se necesitaron muchos sacos de escayola, una grúa y un camión para poder trasladar algunos fósiles de huesos al laboratorio. Para rescatar los huesos más grandes, incluso hubo que construir un armazón metálico.

 

 

Motivados por la rivalidad y el odio, ambos paleontólogos se dedicaron a la búsqueda frenética de fósiles, describiendo más de 100 nuevos tipos de dinosaurios, entre ellos Stegosaurus, publicado en 1877 por Marsh.

Los estegosaruios forman un clado de dinosaurios relativamente sencillos de identificar debido a las placas de su lomo y las espinas de su cola. Nuestro logo tiene un estegosaurio del género europeo Dacentrurus y los estegosaurios son también los dinosaurios preferidos de la pequeña Sofía, quien pronto cumplirá años y tiene a sus padres enfrascados en la organización de su fiesta de cumpleaños.

 

Música Kevin MacLeod, sujeta a una licencia de Creative Commons Attribution (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

 

El húmero de Turiasaurus riodevensis  tiene 178 cm de longitud ¿imaginas cuántos meses nos llevó limpiarlo?

El trabajo de limpieza de un fósil es una tarea delicada, no apta para impacientes.  Cualquier decisión errónea  puede dañar el fósil o alterar su estado de conservación.  

Existen dos técnicas principales de limpieza para los fósiles: métodos mecánicos y químicos.

Los métodos mecánicos más frecuentes suelen emplear útiles de percusión, rotación y abrasión, como delicadas herramientas de aire comprimido que son parecidas a las de los dentistas. Cuando hablamos de métodos químicos no sólo hacemos referencia a la combinación de distintos ácidos, el agua con detergente o acetona entra dentro de esta categoría.

Ahora que tienes algo más de información puedes mirar más allá de lo que ves. Incluso te proponemos un desafío: algunos de los fósiles que están limpiando son relativamente sencillos de identificar ¿te atreves?

Música Kevin MacLeod, sujeta a una licencia de Creative Commons Attribution (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

Los cocodrilos actuales (Crocodylinae) forman parte de un grupo bastante reciente, geológicamente hablando, y pueden atrapar a las presas en el agua sin “ahogarse” porque cierran su glotis al bucear. Pero esto no siempre fue así, lo sabemos gracias al estudio de varios cráneos fosilizados. 

Muchas especies de crocodiliformes convivieron con los dinosaurios, pues ambos grupos se originaron casi al mismo tiempo, hace unos 230 millones de años.

Los primeros crocodiliformes eran especies terrestres, pequeñas, ágiles y veloces. A principios del Jurásico, el registro fósil evidencia adaptaciones marinas y una gran diversificación de linajes. Posteriormente existieron  crocodiliformes de tamaño enorme, incluso semejante al de algunos dinosaurios, como es el caso de Sarcosuchus imperator.

Vamos a presentarte una nueva especie de crocodiliforme del Cretácico Temprano hallada en Galve, Teruel. Este “cocodrilo” de agua dulce surcaba los canales de lo que era una llanura de inundación aluvial.

Música Kevin MacLeod, sujeta a una licencia de Creative Commons Attribution (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/