El padre de Sofía está embarcado en una tarea de cierta dificultad para una persona completamente ajena al mundo de los dinosaurios: tiene que encontrar uno de ellos en particular. 

Los amantes de los  dinosaurios saben que hay muchos tipos diferentes, que vivieron en distintos períodos geológicos y que no todos los seres antiguos o extintos son dinosaurios. Dicho así parece obvio  pero, si no se tiene la suficiente información, algo tan sencillo como buscar el regalo de cumpleaños de una niña (tal vez futura paleontóloga) puede ser un desafío. Incluso puede confundirse un Dimetrodon con un dinosaurio cuando solo tienen en común un parecido razonable.

Dimetrodon era un sinápsido primitivo, pues sus fósiles proceden de principios del Pérmico (Era Paleozoica) y, si bien por su apariencia recuerda a los reptiles, lo cierto es que estaba mucho más emparentado con los componentes de nuestro grupo, el de los mamíferos.

Los sinápsidos se caracterizan por un cráneo que, además de los orificios para los ojos y las fosas nasales, tiene otros dos agujeros más —uno a cada lado del cráneo— situados por detrás de las órbitas de los ojos. Por el contrario, todos los dinosaurios pertenecen a un grupo totalmente distinto, el de los diápsidos, cuyo cráneo tiene dos agujeros detrás de cada ojo (cuatro en total).

Dimetrodon se clasifica como un sinápsido  pelicosaurio.  Aunque su característica más espectacular es la gran vela que tenía en su parte dorsal, el origen de su nombre –“dientes de dos medidas”– se inspiró en las diferentes longitudes y grosores (unos anchos y otros angostos) de sus piezas dentales.

Este “falso dinosaurio” vivió hace unos 290 millones de años, decenas de millones de años antes de la aparición del primer dinosaurio en el registro fósil.

 

 

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© Ryan McGuire en Pixabay

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Cuando sales a comprar un libro generalmente tienes una hoja de ruta. Vas a una librería y buscas en una determinada sección, pues los libros suelen estar ordenados siguiendo algún criterio (si no fuera así sería imposible encontrar lo que buscas).

Pues algo parecido sucede cuando los paleontólogos buscan yacimientos. Ocasionalmente los hallazgos pueden ser casuales, porque los fósiles están en la superficie del terreno o (algo que sucede a menudo) durante determinadas obras se encuentran restos arqueológicos o paleontológicos.

Los mapas geológicos son la hoja de ruta de los paleontólogos. El estudio de la configuración geológica del terreno y de sus estratos nos permite saber qué podríamos encontrar en determinadas zonas.

El solar turolense, por ejemplo, presenta una rica y variada sucesión de fósiles debido a su configuración geológica. La provincia engloba rocas sedimentarias de las tres eras geológicas del Fanerozoico y tiene excelentes condiciones en sus afloramientos (relieve con grandes diferencias de cota, poca vegetación y casi nula intervención humana sobre el terreno).

La idea romántica de andar y encontrar fósiles importantes no va muy de la mano del método científico de prospección sistemática pero, a veces, existen personas afortunadas. Si eres una de ellas… ¡avísanos antes de recoger el fósil!

 

 

Imágenes ©Pixabay

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¿Recuerdas aquella maravillosa película de Alfred Hitchcock?

Nos encantaría poder compartir contigo un poco de nuestro trabajo diario. Algunos afortunados que visitan Dinópolis pueden hacerlo y, además, se nos ocurrió abrir esta pequeña ventana para que puedas “espiar” también desde tu casa una parte de nuestras labores.

Los paleontólogos hacemos mucho trabajo de campo  y quizás es nuestra tarea más conocida. Pero lo cierto es que pasamos muchas horas en el laboratorio, donde compartimos  tareas con los restauradores. Muchas historias suceden aquí diariamente. 

El laboratorio paleontológico es el primer sitio al que llegan los fósiles desde los yacimientos. Aquí los limpiamos y preparamos para su posterior estudio y exhibición.

Pero… ¿imaginas mover el enorme y pesado fémur de un turiasaurio cada vez que queremos consultarlo?

En el laboratorio también se realizan réplicas de fósiles para la manipulación durante su análisis o para el intercambio con otras instituciones. No todos los ejemplares de los museos y exposiciones son originales (por este motivo las réplicas están señaladas convenientemente).

En tierras turolenses nuestro laboratorio paleontológico tiene mucho trabajo.

 

 

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El estudio de los árboles genealógicos es una pasión para muchas personas. Conocer a nuestros antepasados y a todos sus descendientes puede aportar información valiosa no solo a nivel sentimental, sino también para reconstruir la historia de un clan familiar.

Charles Darwin imaginó el gran árbol de la vida.

Un clado es un grupo de seres vivos que están muy relacionados evolutivamente. Los cladogramas utilizan la clasificación filogenética, pues son gráficos que representan al ancestro de un linaje y a todos sus descendientes.

Las aves, los dinosaurios, los pterosaurios y los cocodrilos están incluidos en el clado Archosauria. Archosauria significa «lagartos dominantes» (y, aunque ninguno de los animales citados eran lagartos, los arcosaurios fueron muy abundantes durante la Era Mesozoica).

Te proponemos conocer algo más sobre el linaje de los cocodrilos.

 

 

Imágenes © N. Tamura ; © Matthew P. Martyniuk

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En 1859 el arqueólogo francés A. Mariette localizaba en Egipto la tumba de la reina egipcia Ahhotep. En su interior se encontró un magnífico ajuar funerario lleno de objetos y piezas de joyería, llamando especialmente la atención una cadena con tres colgantes de oro con forma de moscas (símbolo del valor militar).

Siete de un golpe mató el sastrecillo valiente en el cuento de los hermanos Grimm.

¡Una mosca en mi sopa!  Existe la leyenda urbana de que no abonarás la cuenta en un restaurante si encuentras una mosca en la comida. 

 «Moscas en la casa» es una balada escrita e interpretada por la cantante colombiana Shakira.

Las moscas son archifamosas.

La mosca que queremos presentarte pertenece a una nueva especie encontrada en el ámbar de San Just (Utrillas, Teruel). Tiene una antigüedad de 105 millones de años y es del extraño género Burmazelmira, descrito por primera vez en el ámbar birmano.

 

 

 

 

Imágenes ©MagnusMuhr

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A la hora de fotografiar a un niño al que se le ha caído un diente tenemos dos escenarios posibles: que el niño sonría con la boca cerrada, intentando disimular su pérdida, o la sonrisa radiante que deja ver el pequeño vacío, presagio de la visita del Ratoncito Pérez.

¿Visualizas la imagen de un T.rex sin dientes?

La primera pista de que los dinosaurios existieron fue un diente. Lo halló en 1824 William Buckland y al propietario de aquel diente gigantesco le puso el nombre de Megalosaurus. En 1825 Mary Ann Mantell encontró otro diente que su marido, Gideon Mantelldescribió como perteneciente a un animal al que denominó Iguanodon (diente de iguana).

Las partes duras de los vertebrados (dientes y huesos) son las más sencillas de fosilizar.

Los dientes fósiles contienen valiosa información: además de ofrecer datos sobre la dieta de los dinosaurios, podemos saber cómo movían sus mandíbulas. Según su morfología y tamaño, en algunos casos (no siempre) se puede identificar la especie de dinosaurio a la que pertenecía su propietario. Además, nos permiten intuir el tamaño del individuo y, a veces, el desgaste aporta información acerca de su grado de desarrollo (joven o adulto).

Como ves, un diente constituye una valiosa fuente de información.

Tú, cuando sonríes ¿enseñas los dientes?

 

 

 

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El estudio, publicado por la prestigiosa revista internacional ‘Geoheritage’, resalta  las posibilidades de crecimiento de municipios escasamente poblados con gran riqueza paleontológica.

La investigación, conservación y difusión de los hallazgos paleontológicos en la provincia de Teruel juegan un papel destacado en el desarrollo territorial y sirven como herramienta para la educación. El proyecto más importante es Dinópolis (con más de 3.159.000 visitas desde su apertura el 1 de junio del 2001 hasta diciembre del 2019). Además, hay otras iniciativas diseminadas por toda la provincia que amplían y complementan la oferta turística y educativa para todos los interesados en la geología y la paleontología. El conjunto convierte a Teruel en un gran territorio paleontológico.

Una de estas iniciativas, La Ruta del Dinosaurio en El Castellar, es el resultado de un modelo de acción que ha optado por llevar a cabo inversiones en los recursos paleontológicos de un área escasamente habitada. Este municipio ha sido objeto de un estudio realizado por la Fundación Dinópolis sobre las posibilidades de desarrollo gracias a la paleontología, que pone el foco en El Castellar, con apenas 58 personas censadas y una densidad de población de apenas un habitante por kilómetro cuadrado, que ahora llega a todo el mundo gracias a su publicación en la prestigiosa revista internacional ‘GEOHERITAGE’. En la publicación se destacan las posibilidades de futuro para núcleos con gran riqueza paleontológica, gracias a iniciativas como las desarrolladas en esta localidad turolense, cuya ruta del dinosaurio culmina en un yacimiento en el que los turistas pueden observar huesos originales de un  estegosáurido, tras pasar por otros yacimientos con huellas de estos vertebrados.

La Ruta del Dinosaurio, junto con el DINOpaseo por El Castellar (un recorrido por las calles del pueblo, en el que se muestran algunos de los hallazgos más sobresalientes realizados en los 74 yacimientos inventariados hasta el momento en el municipio), constituye un estímulo fundamental para la socioeconomía local. Las inversiones realizadas desde 2015 han dado lugar a un aumento exponencial de la presencia de investigadores, turistas y medios de comunicación, al tiempo que permiten el desarrollo de actividades educativas. Todo esto conduce a que las instituciones y colectivos locales quieran seguir utilizando a los dinosaurios como el principal foco de atención del municipio.

A este excepcional patrimonio paleontológico se suma la extraordinaria riqueza natural y cultural de una zona, incluida en el Lugar de Interés Comunitario “Maestrazgo y Sierra de Gúdar” de la Red Natura 2000 del Gobierno de Aragón, en la que se sitúan numerosos yacimientos con fósiles de dinosaurios. Además, este sector occidental de la Sierra de Gúdar posee algunas de las unidades de mayor calidad visual del paisaje de la provincia.

El artículo publicado en ‘Geoheritage’ lleva como título ‘The Dinosaur Route in El Castellar (Teruel, Spain): Palaeontology as a factor of territorial development and scientific education in a sparsely inhabited area’ y ha sido llevado a cabo por Alberto Cobos, Luis Alcalá y Rafael Royo-Torres.

Las actuaciones paleontológicas en El Castellar se incluyen en proyectos del Gobierno de Aragón (Departamento de Educación, Cultura y Deporte, y Departamento de Ciencia, Universidad y Sociedad del Conocimiento-Fondos FEDER ARAGÓN 2020-2022-Grupo de Investigación de Referencia E04_20R FOCONTUR), del Gobierno de España (proyecto PGC2018-094034-B-C22 del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades), Instituto Aragonés de Fomento y Dinópolis.

 

 

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Logotipo y escultura representando a un dinosaurio estegosáurido en la Ruta del Dinosaurio en El Castellar (Teruel). Créditos: Cobos et al. (Geoheritage).

 

 

 

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Habilitación museográfica en el yacimiento San Cristóbal (El Castellar, Teruel) donde se exhiben fósiles originales de un dinosaurio estegosáurido. Créditos: Cobos et al. (Geoheritage).

 

 

 

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Folleto informativo sobre las diferentes rutas de temática paleontológica que se pueden realizar en El Castellar. Créditos: Cobos et al. (Geoheritage).

 

 

 

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Mirador y vista panorámica de la Sierra del Chaparral (incluida dentro de la Red Natura 2000 del Gobierno de Aragón). Créditos: Fundación Dinópolis.

 

 

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Parada del denominado DINOpaseo por El Castellar en la que se representa al saurópodo Tastavinsaurus. Créditos: Fundación Dinópolis.

 

No sabemos si Antonio Machado, además de compañero del ilustre paleontólogo José Royo Gómez, se interesaba por la paleontología pero nos encanta recitar su poema mientras estudiamos las huellas de Ababuj. El yacimiento se formó hace unos 150-145 millones de años, en el intervalo temporal que está a caballo entre el Jurásico y el Cretácico.

En aquella época el paisaje de esa parte de la Cordillera Ibérica lo conformaban grandes ríos meandriformes y caudalosos que desembocaban en el llamado Mar de Tethys (germen del actual Mediterráneo).

Por este camino (como diría Machado) pasaron representantes de tres grupos diferentes de dinosaurios. Las direcciones y sentidos aparentes de los rastros muestran que uno de los individuos fue hacia el este, el segundo se dirigía al oeste y el tercero hacia el noroeste.

¿Hacia dónde irían? podría preguntarse Machado y crear maravillosos poemas. Caminante, son tus huellas…

 

 

Imagen ©John Gurche

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 Usain Bolt fue ocho veces campeón olímpico y tiene el récord mundial de velocidad en 100 metros: 9,58 segundos. ¡Veloz cual relámpago!

¿Cómo podemos saber a qué velocidad se movían los dinosaurios? Estudiando sus rastros.

El zoólogo  británico Robert McNeill Alexander contribuyó al desarrollo de una fórmula matemática mediante la cual se puede establecer la velocidad aproximada de locomoción de un dinosaurio.

La información que proporciona un rastro es una pieza clave en la fórmula, pero… ¿qué es un rastro?

 

 

 

 

Photo by Andrea Piacquadio from Pexels

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 Estás preparado para subir de nivel. 

Con respecto a la morfología de las icnitas, ya te hemos contado varias cosas. Haremos ahora un repaso y te preparamos para el siguiente nivel: «Rastros».

 

 

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